Casi todo sobre mi madre - Alejandra Picart

Casi todo sobre mi madre

Yo viví ajena a lo habitual y creo que nunca te lo he dicho…hoy te lo grito: ¡Mamá gracias por ser artista!

 

1986.

Ella tenía 30 años, tres matrimonios fallidos (y otro más en el futuro que nunca se cuenta porque, según ella, fue una mancha en el expediente) un mitin de repudio, dos carreras, dos hijos, un trabajo en una biblioteca estatal y, gestionaba una familia corriente en un apartamento de dos cuartos en un barrio de la vieja Habana. A ella el arte la encontró cansada.

Abro paréntesis. Ella comenzó a pintar ese año, cuando estaba embarazada. En octubre nací yo. Vaya suerte la mía que he estado con ella desde siempre!…se me han aguado un poco los ojos, pero no mucho, soy dura. Cierro paréntesis.

En casa de mi abuela paterna, esa que sigue siendo su mejor suegra, queda algún rastro de “Santa Kilda y otras alucinaciones“, su primera exposición personal. En aquel entonces sonreía a pesar de tener que pintar de noche, con herramientas improvisadas y hasta pasta de dientes; pero sonreía. Era mujer, pintora legítima y madre afectuosa.

Algunos años después murió mi abuelo y la alegría de mi madre también.

¿Es compatible la maternidad con hacer carrera artística? Para mí no! (y ese es un tema del que escribiré después) pero ella lo hizo y lo hizo todo lo bien que supo. Nicolás Alayo, un amigo, poeta histérico y a veces pintor, siempre ha dicho que es demasiado madre. Yo también lo creo.

Siendo yo adolescente apareció su Diego. Su pintura evolucionó a la par que su entorno social. Me recuerdo entre galerías, exhibiciones y amigos artistas con sus insufribles egos e incesantes tertulias. Ella se sentía libre y se convirtió en una pintora con un particular lenguaje y un amplísimo imaginario, donde todo era posible. A los placeres y vicios que le obsequió su amante artista cayó rendida. Diez años después, la abandonó…a partir de ahí solo quedó una sombra.

Hoy sigue pintando su historia. El primogénito en Estados Unidos y yo en España; no tiene a sus hijos cerca y eso la consume aún más, pero resiste, porque es una superviviente.

Stop drama!

Ella y yo somos una. Muchos me han recomendado que corte el cordón umbilical y otros hasta me llaman Martelenita ¿y sabes qué? lo asumo. Me gusta mirarme en su espejo y hasta repetir patrones porque soy lo que soy gracias a ella.

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